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Sumergido en sus libros y sus letras solitarias, así pasaba las tardes y noches por lo regular, callado, tímido, y con un aspecto bastante singular... No era un chico cualquiera. A veces hacia cosas extrañas que no todos podían interpretar, de vez en vez abría los brazos y echaba una mirada al cielo como anhelando volar, pensando, sintiendo, llorando y riendo; todo sin una aparente finalidad. La gente lo observaba con gran curiosidad, el poseía unos ojos enormes que si los mirabas con detenimiento parecían su alegría contagiar. La verdad es que nadie lo observaba de verdad, ni se tomaba un segundo para acercarse y quizá una charla entablar. Parecía extraño, pero para quien lo mirase en realidad, podría convertirse es más que sólo un chico poco usual.